Película. Cinco chicos, en un internado en 1970, se tienen que quedar en el colegio solos, al cargo de un profesor de historia antigua, con la cocinera a su servicio, durante las navidades. A los pocos días solo queda en el colegio uno de ellos y se crea una provisional familia de tres.
Paul Hauham (un Paul Giamatti adorable y estrábico) es un hueso, un borde, un amargado inflexible que antepone la honesta justicia del suspenso merecido a cualquier presión de su director, que le implora el aprobado para un hijo de un mecenas del colegio. En la primera escena ya nos queda claro el perfil de este profesor antipático, héroe de la integridad y con valores en vías de extinción, como la cultura humanista que imparte y que vive.
¡Otro profesor de humanidades odiado por los alumnos, como el Crocker-Harris de La versión de browning! Sí, pero también ¡Otra gran película gracias a estos personajes que, al final, son un verdadero encanto!

El primer año que di griego en un instituto creía que la asignatura era el diamante del curriculum, la más importante y en la que el alumno tenía que demostrar su mayor brillo. Por eso no me encajaba, me perturbaba poner un 8 en griego a alumnos que suspendían varias asignaturas.
Ahora empezaré mi último curso como profesor. Ya hace muchos años que, para ser feliz, he tenido que asimilar que el griego es una «maría», un trámite, una espiga más en el manojo de obstáculos que el estudiante tiene que saltar por obligación, no por amor. ¿Qué actitud deben tener los profesores de clásicas hoy por hoy? Quizá en el siglo XX los profesores de latín, griego, historia antigua… estaban a la defensiva, pataleaban ante la amenaza de su extinción. En el siglo XXI, cuando aún existimos, podemos dedicarnos a vegetar sin tantos humos.
La historia es del escritor y guionista David Hemingson. No sale de una obra literaria, como en el caso de La versión de Browning, basada en la pieza teatral de Rattigan. Es excelente.
Podía caernos mal el profesor que hace alarde de tanta integridad y suelta citas en latín a cualquier parroquiano. Pero cómo no amarlo cuando le espeta al final de la cinta a su jefe:
–Siempre he pensado que eres un cáncer de pene con forma humana.
