Alicia Western, en el psiquiátrico, le cuenta a su médico quién era su madre. Hablamos del personaje protagonista de Stella Maris, la segunda parte de la novela con título doble El pasajero / Stella Maris, la última novela de Cormac McCarthy. (Me niego a hablar de dos novelas, es una, dividida en dos libros, pero una. No está justificado o es una excentricidad que el volumen venga con dos títulos).
Alicia y su hermano Robert nacieron en Los Álamos. Sus padres trabajaron bajo el mando de Oppenheimer, se conocieron en el poblado. Él era físico, ella camarera en un autocine, recién salida del instituto. Pero era inteligente y estudiosa, así que entró en Y-12 y fue una de la chicas del calutrón.

Alicia explica lo que es: un invento de E. O. Lawrence para enriquecer el uranio, o, bien dicho, separar el U-238 del U-235 (uranio natural), paso obligado para construir una bomba de uranio.
El calutrón era «básicamente un espectrómetro de masa que servía además como recipiente para el uranio enriquecido». Alicia le explica a su médico la etimología: Cal por California, Tron es un préstamo del griego, dice, «una escala de medida, o tal vez un instrumento».
-tron (-τρον) no es sustantivo, sino sufijo para crear palabras que designen, en efecto, instrumentos o lugares: zeatron (θέατρον ), lugar donde se contempla; lutrón (λουτρόν), lugar donde se lava; skeptron (σκῆπτρον), instrumento para apoyarse; árotron ( ἄροτρον), instrumento para arar. Herramienta, no instrumento musical. Recordemos es entrañable orgasmatrón de Woody Allen, en este caso tanto herramienta como lugar. O el mellotron, este sintetizador que revolucionó el pop. O las películas tituladas, tal cual, Tron, sobre una computadora (máquina, herramienta) capaz de engullir seres humanos. La primera, de 1982, dirigida por Steven Lisberger.
Si Lawerence hubiese tenido mejor asesor etimológico habría incluido la raíz separar en lugar de ese Cal que no dice gran cosa. Podría haber llamado a su máquina apocrintrón. ἀποκρίνω, separar. Hay más posibilidades.

Alicia Western es una superdotada. Una de las mejores violinistas del mundo. Una obsesa de la matemática que se iba a doctorar con 18 años. Una lectora de cuatro libros diarios. Stella Maris es la transcripción de las charlas con su psiquiatra. Autista pero comunicativa, le da conferencias a su médico sobre ciencia y filosofía. Sobre psicología. Sobre religión. Es una paciente voluntaria que no se quiere medicar. No está loca porque tiene alucinaciones que sabe que lo son. Se le aparece, entre otros, un enano calvo con aletas de foca por manos, el Chico. A estos personajes que le visitan en el dormitorio los llama en un momento eidolons. Palabra completamente griega, solo que su plural correcto sería eidolona. εἴδωλον es espectro, imagen, figura. Más espectro, en esta novela, que figura o imagen. No sirve en este relato de Alicia la derivada ídolo. El español no ha preservado el vocablo que Alicia, que sabe no poco griego, por lo que se ve, utiliza casi perfectamente en su forma griega original.
La brillante Alicia da otras etimologías en sus entrevistas con el terapeuta: cretino viene de cristiano, desde el francés chrétien.
Ya que estamos, les anoto algunos fragmentos que me han deslumbrado de esta novela. Palabras de Alicia:
Si tuviera un hijo, la realidad me traería sin cuidado.
Los intereses de Satanás son completamente espirituales. (Citando a Chesterton, supuestamente).
La inteligencia son números. No palabras.
El propósito del entretenimiento es suscitar dudas acerca del mundo. (No es cita literal, la reformulo yo).
A los hados se les puede aplacar, a los dioses se les puede rezar. El azar es inevitable. (Cito de memoria).
Otras líneas no salen de la boca de Alicia, pertenecen a personajes de El pasajero.
Trimalción es más sabio que Hamlet.
La belleza promete cosas que la belleza no puede cumplir.
Es asombroso lo que la gente llega a contar de sí misma cuando no está pagando por ello.
La belleza tiene el poder de desencadenar un tipo de aflicción que escapa al ámbito de otras tragedias. La pérdida de una gran belleza puede poner de rodillas a una nación entera. Ninguna otra cosa puede hacerlo.
El alma no se emborracha.
Alicia es impresionante, carismática, lúcida, ingeniosa. Pesimista, escéptica, no atea, abierta a cualquier posibilidad. Nihilista, la razón de su actitud vital es la caducidad de todo. De su afirmación Si tuviera un hijo, la realidad me traería sin cuidado me salió hace unos días esta canción como un parto de embarazo inconsciente.
El pasajero / Stella Maris es una novela extraña, de lectura ágil y enriquecedora, gracias a las extensas partes dialogadas, muy frescas y a la vez interesantes. Sin embargo, en Stella Maris las disertaciones de Alicia sobre matemáticas exceden la frecuencia y extensión razonables. Son para iniciados. Hay páginas bellísimas. Sobran muchas otras.