La sauna de Andrés Ibáñez

En la última novela de Andrés Ibáñez, Nunca preguntes su nombre a un pájaro (Galaxia Gutenberg, 2020), dos personajes dialogan en una sauna sobre dioses y la psique. Hablan un escritor y su cuñada, así que estas páginas alcanzan un clima erótico especial. No olvidemos que estamos en una sauna, desnudos, sudando, purificándonos, y que además somos cuñados, estamos prohibidos el uno para el otro.

He leído en alguna parte a Andrés Ibáñez comentar que  siempre le sorprende el poco erotismo que hay en la literatura. En mis novelas hay bastante, aunque no tanto como yo querría. No sé, ahora, pensándolo, creo que uno siempre tiene cierto miedo a escribir escenas eróticas – miedo a hacer el ridículo, quizá.

A mí el erotismo de esta novela me ha parecido delicado, ejemplar. Nada ridículo. Hay que ser muy bueno para llevar a los lectores hasta las sensaciones de la piel y la rendición de la mente sin que se enteren.

Pero no quería comentar este aspecto, en realidad, sino destacar una palabra que aparece en la charla en la sauna. Unas páginas antes, dice Horst, el escritor protagonista:

Todo eso que hemos aprendido como “mitología”, lo que para los griegos era religión, la creencia en dioses externos a nosotros, es en realidad psicología, figuras y personajes de nuestra alma…

(Está explicando a la analista junguiana Jean Shinoda Bolen, dice el mismo Horst).

Estamos en la sauna, podríamos estar pensando en que estamos desnudos, cerca, solos, y en que nuestros dedos podrían tener vida propia y acercarse para tocar el cuerpo del otro. Pero no, hablamos de temas serios, tan serios como las cosas más terribles de mi corazón, dice Horst.

Sigue la charla:

— … estoy seguro de que en tu corazón, por ejemplo, no hay lugar para las cosas horribles.
—¿Tú crees? —dice ella—. Eso no lo sabes.
—Estoy convencido.
—Nadie puede conocer el corazón de otro.
—Eso es cierto.
Una pausa.
—¿Qué tal un poco de vapor? —dice Eva.
Kydos a eso.
Kydos. He oído esa palabra otras veces, ¿qué significa?
—Significa “fama” en griego. “Gloria”. “Alabanza”.


Kydos, mejor que kudos, en griego κῦδος, en efecto es honra, gloria, fama. El mismo Horst explica a su cuñada Eva (y a lector) que en inglés la expresión griega se usa desde al menos el siglo XVIII para felicitar por algo, celebrar algo. Andrés Ibáñez ha situado la acción de esta novela en las montañas del norte del estado de Nueva York.

Curioso que en inglés se utilice una palabra del griego clásico para decir ¡bravo!, ¡brindo!

La novela, de la que poco he contado, no es erótica, por cierto. Es una novela de terror que plantea un debate moral y filosófico de calado, donde seres mitológicos se materializan para hacernos dudar de su consistencia real. Son materiales pero atraviesan paredes. Causan daño como humanos cualesquiera pero son invulnerables como dioses. La fábula nos expone la posibilidad de que la alabanza, la gloria pública, se cobren una terrible factura. Una estupenda novela de acción y reflexión que he leído con enorme deleite.

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