Cuando la poesía es traducción

Hace poco, de buena mañana, recién empezada mi primera clase del día (8:00 h), recibí un whatsApp de una amiga. Me decía que estaba leyendo a Lacan y se había topado con dos palabras en griego clásico. Me preguntaba por su significado.

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(Paréntesis: ¿qué les parece que para estudiar la carrera de Psicología nuestro sistema académico conduzca a nuestros estudiantes por el bachillerato de ciencias en lugar de por el humanístico, como siempre había sido?)

Me preguntaba mi amiga por “aletheia” y por “lethe”: ἀληθεία, λήθη, verdad y olvido respectivamente.

Casualmente o no, estas dos palabras con las que mi amiga psicóloga se topó en páginas distintas comparten raíz: “lethe”, λήθη . La alfa que niega ante esa raíz, nos invita a traducir “verdad” como “no olvido”, “ausencia de olvido”.

Si en un verso de un poema alguien plasmara la expresión rimbombante “la verdad es ausencia del olvido”, no sabríamos si encajar su lectura con un mohín ante algo cursi o ante algo petulante. Sin embargo, tal expresión no resulta ser un logro de la sensibilidad, un hallazgo verbal, un despliegue de talento poético: es una simple traducción.

¿La verdad es ausencia de olvido? Ausencia de olvido es recuerdo. ¿La verdad es recuerdo? Platón pensaba que no aprendemos: recordamos. La sabiduría (luego la verdad) es recuerdo. No nacemos a esta vida en blanco, tamquam tabula rasa. La teoría de la reminiscencia explica que somos almas procedentes del mundo de las ideas, por lo tanto solo tenemos que ponermos a dialogar filosóficamente para recordar lo que ya sabemos.

Quienes entienden la escritura o creación de poesía como un modo de conocimiento, y dan preeminencia a su vertiente filosófica, se podrían poner morados si supieran griego. No sólo dispondrían de un tesoro de conocimientos procedentes de la simple traducción, sino de un lenguaje impregnado de esa belleza primera que brilló en el bautizo de las cosas. Me acuerdo de esto por ejemplo siempre que tropiezo con la palabra cometa. ¿Qué es un cometa sino una “cabellera” luminosa? Es eso exactamente. ¿Es poético? Claro, pero no pretendía serlo. Es una obviedad, es una traducción.

Y ya que ha salido el cometa, os recuerdo la preciosa canción de La Marabunta, Venusiana.

Por cierto: ¿Platón creó palabras? ¿Debemos a Platón el ingreso en la lengua griega de las palabras  ἀληθεία y λήθη? Si creemos que no, entonces la teoría de Platón de que no aprendemos la verdad, sino que la recordamos, tampoco fue un aprendizaje ni una tesis osada. Se limitó, de nuevo, a entender la lengua de sus antepasados. No tuvo ni que recordar. Solo escuchar.